¿Sabías que, antes de dejar caer una hoja, el árbol hace algo precioso? Recupera lo valioso que hay en ella. En un estudio con cuatro especies europeas, los árboles llegaban a recuperar entre un 36 % (el fresno) y un 69 % (el abedul) del nitrógeno de sus hojas antes de soltarlas.

Los árboles no pierden sus hojas. Primero recogen lo que les nutrió.

Fíjate en el orden. Primero recoge. Después suelta. Nada de lo que la hoja le dio se pierde: se queda dentro, esperando a convertirse en brote nuevo. Y además, el árbol empieza a prepararse mucho antes de que se note ningún cambio de color.

Pero si para un árbol es tan natural… ¿por qué a nosotras nos cuesta tanto?

¿Por qué nos cuesta tanto soltar?

Porque somos mamíferos que sobrevivieron gracias al vínculo. Nuestro sistema nervioso aprendió, desde la cuna, que estar cerca era estar a salvo. Por eso, cuando algo se acaba, el cuerpo lo vive como una amenaza, aunque eso que se va ya no nos haga ningún bien.

Y luego está lo conocido. El cerebro prefiere un malestar que ya sabe manejar a un vacío que todavía no entiende. A veces nos quedamos no por amor, sino por miedo a lo que hay al otro lado de la puerta.

En consulta lo veo muchísimo: personas que saben, con la cabeza, que tienen que soltar, pero el cuerpo no se ha enterado. Soltar no es solo una decisión. Es un proceso que el cuerpo también tiene que hacer.

Y en el fondo, confundimos soltar con perder. Como si dejar ir algo borrara todo lo que nos dio.

Las hojas que seguimos sujetando

Mira a ver si te reconoces en alguna:

Y así, sin darnos cuenta, vamos por la vida con los brazos llenos de hojas secas, sin hueco para lo nuevo.

Soltar como lo hace el árbol

El árbol no arranca sus hojas de un tirón. Las suelta con orden y con calma. Y eso es exactamente lo que hacemos en terapia cuando trabajamos un duelo, una ruptura o un cambio de etapa: no se trata de olvidar, sino de quedarte con lo que te hizo crecer y soltar el resto.

Coge papel y boli (¡corre!) y regálate un ratito tranquilo:

  1. Elige tu hoja. ¿Qué sigues sujetando, aunque ya no te alimenta?
  2. Recoge la savia. ¿Qué te llevas de ella? Qué te dio, qué aprendiste. Eso te lo quedas.
  3. Escucha al cuerpo. Piensa en soltarla. ¿Dónde lo notas? Acompáñalo con la mano un momento.
  4. Dale las gracias. Gracias por lo que fuiste, ya no te necesito igual.
  5. Abre la mano. A tu ritmo. El árbol también se toma su tiempo.

Soltar no es perder. Soltar es quedarte con lo esencial y hacer espacio para todo lo que todavía está por venir.

No tienes que hacerlo sola

Hay hojas que cuestan más que otras. Si llevas tiempo sujetando algo que te pesa y no consigues abrir la mano, pedir ayuda no es rendirse. A veces necesitamos a alguien que nos acompañe a mirar qué soltar y qué queremos guardar.

En Clínica Etheria te acompañamos desde una mirada integrativa: mente, cuerpo, sistema nervioso y relaciones. Terapia presencial en Valencia u online, estés donde estés.

A veces crecer no consiste en agarrar más fuerte. A veces crecer consiste en abrir la mano. Seamos un poquito más árboles.

Te espero en Instagram, en @azu.tupsicologa. Y cuéntame tú: ¿qué hoja vas a soltar este otoño?

Azu tu psicóloga
NOVEDAD

He creado mi newsletter:

Entre sesiones

con Azu, tu psicóloga

Un rincón donde compartir lo que no siempre cabe en Instagram 😍

Psicología basada en evidencia, recursos, reflexiones y alguna sorpresita que compartiré por aquí.

¿Te vienes? Únete a este rinconcito