Cuando pensamos en depresión, casi siempre imaginamos a alguien llorando, sin ganas de levantarse de la cama. Y sí, a veces es así. Pero muchas otras veces la depresión no se ve: es alguien que sigue yendo a trabajar, sigue quedando con amigos, sigue «funcionando» por fuera, mientras por dentro todo le pesa el doble y nada le llena como antes.

Más allá de la tristeza

La depresión no siempre se siente como tristeza. A veces se siente como vacío, como vivir en piloto automático, como irritabilidad que no reconoces en ti misma. Hay quien sigue cumpliendo con todo —trabajo, casa, hijos— y por eso nadie, ni ella misma, se plantea que pueda tratarse de depresión. Cumplir no es lo mismo que estar bien.

Cómo se manifiesta

Qué hacemos en terapia

No se trata de «pensar en positivo». Trabajamos primero en entender qué está sosteniendo ese estado —una autoexigencia constante, una pérdida no resuelta, un ritmo de vida sin espacio para ti— y, en paralelo, en recuperar poco a poco actividades y vínculos que ahora mismo cuesta sostener. Cuando hace falta, coordinamos el proceso con psiquiatría para valorar un apoyo farmacológico. Es un proceso gradual: no hace falta «arreglarlo todo» de golpe, sino ir recuperando terreno paso a paso.

La autocrítica suele jugar un papel muy importante en estos procesos — si te reconoces ahí, te puede interesar nuestro post sobre por dónde empezar con la autoestima. Y si quieres saber más sobre cómo abordamos específicamente la depresión en Valencia, tienes toda la información en esta página.

No hace falta tocar fondo

Muchas personas esperan a estar realmente mal para pedir ayuda, pensando que «todavía se puede aguantar». No hace falta llegar a ese punto: cuanto antes se empiece a trabajar, más fácil y más corto suele ser el proceso.

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